miércoles, 3 de marzo de 2010

Manoel de Oliveira


Manuel Cândido Pinto de Oliveira, (Oporto, 1908) Director de cine portugués. Nacido en una familia de la burguesía industrial, desde niño se sintió atraído por el cine, gracias a su padre, que le llevaba a ver las películas de Charles Chaplin y Max Linder. Durante su formación, en el Colegio Universal de Oporto y posteriormente en el Colegio Jesuita de La Guardia, en Galicia, ganó notoriedad como deportista, pero a los veinte años se matriculó en la Escola de Actores de Cinema junto a su hermano Casimiro, y ambos debutaron como figurantes en el filme Fátima Milagrosa (1928), de Rino Lupo. Fue protagonista en La Canción de Lisboa, primera película sonora del cine portugués.

Cuando tenía unos 20 años compró una cámara Kinamo y, aunque continuó con su trabajo de actor, filmó su primera película muda, Douro, Faina Fluvial. La versión sin sonido de esta película fue exhibida por primera vez el 21 de septiembre de 1931.Tres años después rodó la versión sonora, que estrenó en el V Congresso Internacional da Crítica; su insólita estructura formal y la lentitud en la acción provocaron encendidas reacciones de rechazo de sus compatriotas y elogios de los críticos extranjeros. Un fenómeno que se repetiría a lo largo de su prolongada trayectoria.

En 1940 se casó con Maria Isabel Brandão Carvalhais y comenzó a repartir su tiempo entre la explotación de los viñedos familiares, en Oporto, y todos los oficios del cine. En 1942 realizó su primer largometraje, Aniki-Bobo, un predecesor del Neo-realismo, según las palabras de George Sadoul, y durante esa década y la siguiente estableció su modus operandi de rodar de forma alterna cortos y largometrajes, documentales y adaptaciones literarias.

A mediados de la década de 1960 y a partir de los festivales franceses e italianos llegó su consagración internacional, y con O Passado e O Presente (1971), marca el inicio de su tetralogía sobre amor frustrado junto con Benilde ou a Virgem Mãe (1975), Amor de perdição (1978) y Francisca (1981).
Su filmografía comenzó a acumular galardones y su prestigio se acrecentó con cada uno de sus títulos: Los caníbales (1988), La divina comedia (1991), El convento(1995), La carta (1999), Palabra y utopía (2000), La vuelta a casa (2001), Porto da minha infância (2001).

En 1985 recibió el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia por la película Le soulier de satin. En 1988 presentó Os Canibais en el Festival de Cannes. En 2004, recibió el Premio Vittorio de Sica de manos del presidente italiano y un León de Oro por su carrera en el Festival de Cine de Venecia, donde exhibió O quinto imperio - Ontem como hoje. En 2005, fue galardonado por el presidente francés con el grado de Comandante de la Legión de Honor, y recibió homenajes en Milán, Madrid, Nápoles y Barcelona.

Se puede decir que la obra de Manoel de Oliveira está dominada por el teatro, al tiempo que convierte al espectador en engranaje fundamental en la concepción de sus historias visuales, al que hace partícipe de lo que desea contar y al que provoca con estructuras narrativas aparentemente redundantes pero bien organizadas (quizá en exceso para muchos de esos espectadores). Sorprende ver a muchos de sus personajes hablándose sin mirarse o, por el contrario y como complemento, mirar directamente a cámara como queriendo llegar al patio de butacas.

La atención viene, además, reclamada por la siempre necesaria (así considerada por la estructura de Oliveira) voz en off, textos que pueden ser apuntes, sugerencias, interrogantes, motivaciones, mensajes repletos de sensibles reflexiones.

El cine de Oliveira (quizá el más importante director de cine luso) es un cine del alma, y quizá al hablar del espacio de los sentimientos se esté apuntando una singularidad que sorprende en el seno del cine portugués y europeo, sobre todo por su escasez. Su veteranía no le ha impedido sortear, a lo largo de su vida, todo tipo de obstáculos que quisieron poner freno a una creatividad sorprendente.


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