miércoles, 3 de marzo de 2010

Mis diez minutos de percepción...

Percibo las fuertes rachas de viento que me llevan acompañando durante toda la tarde, pero está vez parecen estar marcadas por el paso de un avión, se escucha una especie de música procesionaria que procede de la habitación contigua, no se oye con suficiente claridad ya que el sonido de la televisión lo enmascara, en ella suena un fragmento de Queen “We Will Rock You”, y como no, el ruido insistente que hace la televisión únicamente por funcionar, por estar encendida. Mi compañero acaba de descorchar una botella de vino, sé que es eso porque acabo de bajar a por un sacacorchos antes de empezar a analizar los sonidos que me rodean, ahora le he oído resoplar, el vino debe tener poso. Suena un grifo, pero parece lejano, puede que sea el agua pasando por la tubería, ahora mismo mi móvil hizo “piuuummm”, me acaba de llegar un mensaje. Ya sé lo que suena, no es un grifo ni una tubería, es el gas que está encendido. Si, se que le gusta ver los juegos olímpicos de invierno y eso indiscutiblemente, es el roce del canto de un esquí al rascar tímida pero tenazmente nieve dura, el comentarista de la televisión me lo confirma, estoy en lo cierto. No quería mencionar el paso del segundero de mi reloj por la esfera, pero es algo que nunca superaré, con algo más de detenimiento noto los latidos de mi corazón y algún instante que otro de mi respiración. Ahora una notificación de Messenger, creo que no fue buena idea usar el ordenador para este trabajo ya que los diez minutos pasaron acompasados por el ventilador del ordenador y el ruido del teclado, los cuales no me desampararon.

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